Un cambio moral a partir de la tragedia.
Un cambio moral a partir de la tragedia.
Hemos
vivido el mayor cataclismo desde 1960. El manejo de la crisis en esta
oportunidad no funcionó con la rapidez debida, hubo una actitud
dubitativa cuando había que actuar de manera corajuda. Toda la
institución de emergencia falló por haber sido mal organizada, por no
respetar los protocolos, por intromisión política en momentos extremos,
en que se jugaban las vidas contra el tiempo.
36
horas para organizar la seguridad y la canalización de ayuda con apoyo
de las fuerzas armadas es un hecho que no admite disculpas. La reacción
posterior que ha puesto un sello de unidad hacia el futuro, no debe
limitar las necesarias investigaciones que permitan exigir
responsabilidades y enmendar errores de personas o instituciones.
Cientos de muertos y desaparecidos son un costo que nadie puede
minimizar.
Ha
sido loable que la PDI haya perseguido a los saqueadores, que la
Justicia aplique la ley de la manera más enérgica, que los militares
hayan permitido recuperar el orden y los bolsones de anarquía de las
primeras 36 horas.
Un
cambio profundo en el alma del chileno que no se debe farandulizar.
Porque una sociedad individualista no funciona en momentos extremos de
sobrevivencia. Porque allí se necesita del vecino, del prójimo, esa
persona a la que quizás antes del sismo ni saludabas, ni conocías. Es
un cambio moral que debe potenciarse para que entremos a correcciones
frente a esta experiencia extrema.
La
solidaridad es una actitud mucho más de lo bueno que fue recolectar y
donar haciendo uso de ventajas tributarias. Es mucho más que todo los
que nos mostró la campaña de Anatel y Don Francisco, donde nuestra
autoestima como país se potenció indudablemente. Pero, para avanzar
hacia un país más fraterno es necesario un nuevo ánimo que capitalice
los gestos de apoyo mutuo, de ayuda sin retribución, de heroísmo
silencioso y anónimo.
Además,
exige reponer la credibilidad en el Estado, para recuperar un sentido
de protección, un sentido de pertenencia, un sentido de nación que está
empoderada como sociedad civil, con desconcentración del poder en los
territorios interiores, con un término del centralismo inoperante que
se observó en esta catástrofe.
Los
piquetes de autoayuda, vecinos que se organizaron ante la amenaza de
pillaje, la ayuda mutua para sobrevivir en medio de la catástrofe, le
cambiarán la mentalidad a mucha gente. Porque el remezón moral y ético
muestra que hay que recuperar el tejido social. hay que desideologizar
el futuro, en términos de características de fondo del ser nacional,
donde Chile se integra de distintos, de civiles y militares, de
funcionarios públicos y de historias y visiones diversas.
El
país mediático, donde los políticos viven con la obsesión de la imagen,
donde son capaces de manipular comunicacionalmente para tapar aquellos
hechos urticantes, ha cerrado un ciclo en este terremoto y maremoto. No
quiere Chile un gobierno que venda una imagen país, Chile quiere dar
contenido real a un proyecto país que sea inclusivo, diverso, humano,
real, de carne y hueso, donde la verdad sea una bandera constante. Que
las regiones crezcan, que manejen sus presupuestos de reconstrucción y
que sea la gente organizada por barrios, manzanas, cuadras, esté
construyendo una soberanía popular efectiva, con un estilo de redes
sociales donde saludamos al vecino, mantenemos con ellos planes
antidelincuencia, planes de contingencia frente a catástrofes.
Si
hemos aprendido o estamos aprendiendo, el repudio a la delincuencia que
saqueaba y asaltaba a los damnificados, el no justificar su estilo
depredador ni aceptar el garantismo que la ha protegido, el exigir por
consenso mano dura, marca también un requerimiento de cambio ético en
la sociedad.
Lo cual se extiende a los delincuentes de cuello y corbata que, corruptelas mediante, estafan criminalmente a las familias, con malas edificaciones, que ponen en riesgo la vida de personas y deben responder por ello, a la vez que debe reponerse la fiscalización obligatoria de la calidad de la construcción en Chile.
Atacama, 7 de marzo de 2010.
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